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Qué significa que una persona se quede en silencio cuando alguien le grita: ¿es miedo o inteligencia emocional según la psicología?

¿Cómo sueles reaccionar cuando alguien te grita? Si tienes a quedarte callada, esto es lo que podría estar sucediéndote de forma inconsciente según la psicología.

Pocas cosas resultan más desagradables que una persona que grita por todo. Y cuando nos topamos con una de ellas, no es extraño que acabemos saltando y caigamos ante sus provocaciones reaccionando con más gritos. Pero en algunas ocasiones, el silencio llama más la atención que los gritos. Y es que hay personas que, ante este tipo de actitudes, guardan silencio.

¿Qué sucede en la mente de estas personas? ¿Es el silencio una respuesta al miedo o una estrategia inteligente? La psicóloga Leticia Martín Enjuto lo explica para Cuerpomente. Porque el silencio en este tipo de situaciones puede tener múltiples explicaciones.

Se alza una voz

Lo primero que debemos comprender, quizá, es lo que sucede en la mente de una persona cuando alguien le grita. “Cuando alguien se queda callado ante un grito, lo que ocurre dentro de su organismo es bastante complejo. Nuestro cerebro interpreta el grito como una amenaza y activa el sistema de alarma, el mismo que se enciende ante un peligro físico. A partir de ahí, entran en juego las respuestas automáticas de lucha, huida o congelación, y el silencio puede ser la forma que encuentra la persona de protegerse en ese instante”, nos explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto.

Eso no quiere decir que el silencio sea un signo de pasividad. Para nada. Como nos explica la experta, “muchas veces, mientras la persona calla, está evaluando mentalmente lo que ocurre”, los riesgos presentes, las posibles consecuencias y todo lo que está sucediendo. “Guardar silencio puede ser también una manera de contener la ira, la tristeza o el miedo que despierta el grito”, continua la experta. Porque sí, el miedo también juega un papel clave en todo esto.

El miedo como respuesta

Cuando alguien guarda silencio tras un grito, nos explica Leticia, debemos comprender que “la respuesta no es única”, y depende mucho “de la persona y del contexto”. Por que sí, a veces es el miedo el que provoca el silencio.

“Alguien puede callar porque teme las consecuencias de hablar, porque se siente vulnerable o porque percibe que no tiene fuerza suficiente para enfrentarse a la agresión verbal”, afirma Martín Enjuto. “En estos casos, el silencio refleja una posición más defensiva”.

El miedo o la emoción puede ser tal, que la persona en cuestión podría llegar a bloquearse, haciendo que la elección de guardar silencio no sea consciente. “El impacto del grito puede ser tan fuerte que el sistema nervioso entra en una especie de colapso momentáneo”, expone la psicóloga, “la persona se queda sin palabras, literalmente, incapaz de reaccionar”.

Este silencio “emocional”, por así llamarlo, también puede ser una muestra de autocontrol. “La persona elige callar para no avivar la discusión, protegerse y esperar a que las aguas se calmen. Y aquí no se trata de miedo, sino de un recurso activo para manejar la situación”.

Una estrategia de afrontamiento

En el momento en el que este silencio se vuelve premeditado, podemos pensar en la palabra estrategia. Y para la experta, en muchas ocasiones lo es. “Cuando un ambiente ya está cargado y responder con palabras solo avivaría más la hostilidad, optar por callar puede ser una manera eficaz de cortar la escalada”, asegura, “es como poner un freno al fuego antes de que se extienda”.

Con este silencio estratégico podemos conseguir una pausa que nos permita ganar más tiempo, para enfriar las emociones y reflexionar sobre cómo actuar de forma más asertiva y constructiva. “No responder de inmediato no significa ceder”, aclara la psicóloga, “sino darse el espacio de elegir mejor cómo hacerlo después”.

En este sentido, Leticia Martín Enjuto hace también una clara diferenciación entre el “silencio estratégico” y “el silencio impuesto por el miedo”. Porque mientras que el primero es un acto de autocontrol y resiliencia, el segundo puede “desgastar la autoestima y dejar sensación de impotencia”.

Indefensión aprendida

Con la intención de diferenciar claramente estas dos circunstancias, Leticia Martín Enjuto nos habla del término “indefensión aprendida”. Este concepto psicológico describe un estado en el que una persona aprende, tras repetidas experiencias de fracaso, que sus acciones no sirven para cambiar la situación. Como consecuencia, deja de intentarlo, incluso si pasado un tiempo sí tendría la posibilidad de influir o mejorar las cosas.

Por ejemplo, un niño que pide que no le griten y no consigue que sus padres dejen de hacerlo, cuando es adulto calla ante los gritos.

El ejemplo es, por supuesto, una simplificación. Lo importante, nos cuenta la experta, es que “el silencio es adaptativo cuando se usa de forma consciente, como una elección para protegerse en un momento de tensión o para ganar tiempo antes de responder. Aquí la persona conserva la capacidad de decidir y de expresarse más adelante cuando se sienta preparada”.

Por otro lado, este silencio “deja de ser adaptativo cuando proviene de la sensación de que no hay nada que hacer, de que nunca se va a poder cambiar la situación”. En este caso, señala la especialista, hablaríamos de indefensión aprendida. “Y aquí el silencio no es una elección, sino resultado de experiencias previas de fracaso o miedo constante”.

Por tanto, concluye la psicóloga, la verdadera diferencia “está en si el silencio es un recurso activo o una imposición interna”. Porque “cuando ayuda a preservar la calma y abre la posibilidad de resolver el conflicto más tarde, es saludable”, pero “cuando anula la voz y refuerza la sumisión, se convierte en un signo de malestar psicológico”.

Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León