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La psicología confirma que las personas que lloran en una discusión no son más dramáticas: están activando un mecanismo de defensa

¿Conoces a una persona que llora siempre cuando discute? ¿Esa persona eres tú? La psicóloga Leticia Martín Enjuto nos explica que en este comportamiento no hay nada de dramático, es un clásico mecanismo de defensa.

A la hora de discutir, hay muchas formas de afrontar el conflicto. Los hay que suben la voz, que se van de la discusión sin mediar palabras, y los hay que ante el enfado se echan a llorar. A este último grupo se le suele hacer siempre una crítica que, si lo pensamos, es realmente cruel: se les tacha de dramáticos.

Pero ¿realmente es una cuestión de dramatismo o hay un mecanismo psicológico escondido tras esas personas que lloran en las discusiones? La psicóloga Leticia Martín Enjuto, colaboradora habitual de Cuerpomente y directora de un Centro de Psicología que lleva su nombre, nos explica qué mecanismo de defensa se esconde tras las personas que siempre lloran en las discusiones.

Lo que entra en juego

Cuando la pelea llega a niveles elevados, las lágrimas se convierten en algo comprensible. Pero hay personas que lloran incluso cuando debaten sobre un asunto que no les atañe de manera personal. Y este es el caso que más nos interesa, el de aquel que llora casi por reflejo cuando discute. Leticia Martín Enjuto nos explica por qué sucede.

“Cuando discutimos con alguien importante para nosotros, no solo estamos intercambiando opiniones. También se ponen en juego el miedo al rechazo, la sensación de no sentirnos comprendidos o el temor a perder ese vínculo. Nuestro cerebro interpreta todo eso y, si percibe la situación como una amenaza emocional, activa una respuesta de estrés que no siempre podemos controlar de forma consciente”, expone la psicóloga.

Por eso hay personas que empiezan a llorar ante el menor signo de confrontación. En muchos casos, ese llanto ni siquiera corresponde con lo que desean expresar. “De hecho, muchas veces son las primeras a las que les molesta esa reacción”, explica Leticia, que asegura que no pocas veces escuchamos a estas personas quejarse diciendo: “Es que no quería llorar”. Y es verdad. Nadie decide que ese sea el momento perfecto para que aparezcan las lágrimas. Simplemente ocurre.

La función de las lágrimas

El problema al que nos enfrentamos para descifrar este fenómeno es que no todos comprendemos bien por qué lloramos. Asociamos el llanto a la tristeza, al dolor quizá, pero no conocemos la verdadera función química de las lágrimas.

“Las lágrimas, en realidad, tienen una función”, nos explica Leticia. “Son una forma que tiene nuestro cuerpo de liberar parte de la tensión acumulada cuando sentimos que ya no podemos sostener tanta carga emocional. Igual que otras personas se quedan completamente bloqueadas, necesitan marcharse unos minutos o responden desde el enfado; hay quienes expresan ese desborde llorando”.

Y es que, además de proteger, lubricar y nutrir la superficie del ojo, las lágrimas contienen proteínas y ciertas sustancias químicas que se relacionan con el estrés y la regulación emocional. Si alguna vez has sentido sueño después de llorar, ya sabes por qué es: las lágrimas son un calmante natural.

Las aristas del conflicto

Una vez comprendida la función de las lágrimas, nos falta entender qué siente la persona que llora durante la discusión. Y para eso, primero debemos aceptar que cada persona tiene una manera distinta de reaccionar ante el conflicto.

“Esa forma de responder depende de muchos factores”, explica Leticia, “nuestra personalidad, las experiencias que hemos vivido e incluso los mensajes que recibimos cuando éramos pequeños sobre cómo ‘debíamos’ expresar las emociones”. Si creciste escuchando que llorar era de personas débiles, es muy probable que hoy, además de sentirte mal por la discusión, también te juzgues por estar llorando.

Y ahí aparece un problema añadido. “En cuanto alguien rompe a llorar, muchas conversaciones cambian completamente de dirección”, asegura Martín Enjuto. “Se deja de hablar del conflicto para empezar a hablar de las lágrimas. Como si emocionarse invalidara automáticamente lo que esa persona estaba intentando explicar. Pero sentir mucho no significa tener menos razón”.

La respuesta adecuada

Queda claro, entonces, que quien llora en una discusión no lo hace por dramatismo: sencillamente tiene otra manera deprocesar las emociones. Pero ¿significa esto que no debemos decirles lo que pensamos para que no rompan a llorar? Desde luego que no.

“Lo importante es entender que, cuando alguien está tan activado emocionalmente, le resulta mucho más difícil escuchar, ordenar sus ideas o responder con calma. Nuestro cerebro necesita sentirse un poco más seguro antes de poder volver a razonar con claridad”, explica la psicóloga.

Por eso, en lugar de interpretar el llanto como una exageración, puede ser más útil preguntarnos qué está pasando detrás de esas lágrimas. “Muchas veces no hablan de debilidad, sino de frustración, de impotencia o de la sensación de no sentirse escuchado. Cuando entendemos eso, cambia por completo la forma en la que afrontamos la conversación”, añade la experta.

Otras lágrimas, otros llantos

Aunque ya hemos entendido los mecanismos básicos del llanto, no todo ha quedado resuelto. Porque hay muchos tipos de lágrimas y llantos. Hay lágrimas de tristeza, de rabia, de miedo, de cansancio o incluso de alivio. “Las emociones rara vez aparecen de forma aislada”, nos explica Leticia, “y en una discusión es habitual que se mezclen varias al mismo tiempo. Por eso no conviene sacar conclusiones rápidas solo porque alguien esté llorando”.

Entender cómo funciona este mecanismo también nos ayuda a relacionarnos mejor. A veces pensamos que la mejor manera de resolver un conflicto es seguir hablando hasta llegar a un acuerdo. Pero esto no siempre es así. “Cuando una de las dos personas está completamente desbordada, lo más útil puede ser dar espacio para que esa activación baje y retomar la conversación cuando ambos puedan escucharse de verdad”, concluye la experta. Y es que el secreto de las buenas relaciones no está en buscar fórmulas perfectas, sino en aprender qué es lo que necesita el otro en cada momento.

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Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León