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La psicología confirma que las personas que interrumpen al hablar no lo hacen por mala educación: es una forma de ansiedad por ocupar espacio social

¿Conoces a alguien que siempre interrumpe al hablar? Aunque te pueda parecer un rasgo de mala educación, en realidad hay algo mucho más profundo que lo justifica. Así lo explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto para Cuerpomente

Hay personas que parecen incapaces de tener una conversación sin interrumpir de manera constante al otro. Y cuando eso sucede, la primera explicación que podemos dar al fenómeno es sencilla: esa persona es una maleducada. Porque a todos nos han enseñado que no interrumpir es un gesto de buena educación.

El problema, nos explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto, con la que nos reunimos en Cuerpomente para descubrir qué se esconde tras este comportamiento, es que a veces no se trata de falta de educación o consideración. “En muchos casos, interrumpir no nace de la falta de respeto, sino de mecanismos relacionados con la ansiedad, la necesidad de ser escuchado o la dificultad para regular los impulsos durante una conversación”, nos explica la psicóloga. Esta es la lectura más completa que podemos hacer del asunto.

El peso de la ansiedad

“Las personas con niveles elevados de ansiedad suelen experimentar un flujo de pensamientos muy rápido”, nos explica Leticia Martín Enjuto. La ansiedad produce la liberación de neurotransmisores como el cortisol o la adrenalina que, de manera literal, aceleran nuestro sistema nervioso y hacen que pensemos más rápido.

El problema es que con la velocidad perdemos también calidad en el pensamiento. Pensamos más rápido, pero no mejor. “Esto provoca que tengan la sensación de que, si no expresan una idea en el mismo instante en que aparece, la olvidarán o perderán la oportunidad de participar���, asegura la psicóloga.

Es esta urgencia mental la que hace que, en muchos casos, las personas con mayor ansiedad tiendan a intervenir antes de que la otra persona haya terminado de hablar, incluso sin intención de hacerlo.

La percepción en el grupo

Hay otro aspecto muy relevante que debemos tener en consideración cuando observamos que alguien tiende a interrumpir siempre que habla en grupo, y tiene que ver con “la percepción del propio lugar dentro de un grupo”.

“Todos necesitamos sentir que nuestra opinión cuenta y que somos tenidos en consideración”, explica Leticia Matín Enjuto. “Cuando alguien teme pasar desapercibido o ha vivido experiencias en las que no se sintió escuchado, puede desarrollar la costumbre de adelantarse para asegurarse de que su voz también forme parte de la conversación”.

Esta conducta puede entenderse como una forma de ocupar espacio social, pero tampoco debemos malinterpretar esta intención. Porque esto no siempre implica un deseo de dominar el diálogo, sino que más bien se trata de intentar encontrar un lugar desde el que sentirse visible y reconocido. “En muchas ocasiones”, añade la experta, “la interrupción funciona como una respuesta automática ante el miedo a quedar excluido o a que las propias ideas pierdan relevancia”.

Control e importancia

Aunque ya hayamos repasado las explicaciones más habituales para este tipo de fenómenos (y también las más inofensivas), eso no significa que todas las interrupciones tengan el mismo origen. “Hay personas que interrumpen porque desean controlar la conversación o porque consideran que su opinión es más importante que la de los demás”, explica Leticia Martín Enjuto. “En estos casos suele existir un patrón estable de comunicación centrado en uno mismo y con poca atención hacia el interlocutor”.

Podemos diferenciar estos casos de aquellos que causa la ansiedad porque aparecen señales muy diferentes, añade la especialista. “Es frecuente que la persona se dé cuenta de lo ocurrido, pida disculpas o intente corregirse. Incluso puede sentirse incómoda después de haber interrumpido, lo que refleja que no había una intención consciente de resultar descortés”, aclara.

La influencia del entorno

Hay otro factor que tampoco debemos olvidar, y es el entorno en que se da la conversación. Como nos explica Leticia, el entorno influye mucho más de lo que podemos imaginar en la forma en la que nos comunicamos.

“En reuniones familiares, conversaciones entre amigos o grupos muy participativos”, ejemplifica la psicóloga, “las intervenciones espontáneas forman parte del intercambio natural”. El problema surge cuando las interrupciones son constantes y terminan limitando la posibilidad de que los demás expresen sus opiniones con tranquilidad.

Hora de cambiar

Cuando la situación se va de las manos y las interrupciones impiden la comunicación, es hora de cambiar. Y lo bueno, nos explica Martín Enjuto, es que estamos ante uno de los muchos hábitos de conducta que pueden modificarse.

Para hacerlo, la experta recomienda “practicar la escucha activa, aprender a tolerar los silencios y desarrollar estrategias para gestionar la ansiedad”. Esto nos ayudará a disminuir la necesidad de hablar de forma impulsiva. “Con entrenamiento, muchas personas consiguen esperar su turno sin sentir que están perdiendo protagonismo dentro del grupo”, concluye la psicóloga.

Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León