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La psicología confirma que las personas que llevan algo cuando las invitan a comer no lo hacen solo por quedar bien, sino porque entienden la importancia de la reciprocidad

Llevar un pequeño detalle cuando nos invitan a comer puede ser una forma de reconocer el esfuerzo de quien nos recibe y cuidar el vínculo, sin convertir cada invitación en una deuda que debemos saldar.

Seguro que la escena te suena. Preparas una cena en casa, recibes a tus invitados, sirves la comida con esmero, y entonces… Alguien, uno de esos amigos a los que tanto quieres, llega con las manos llenas. Trae el postre, un acompañamiento, una botella de vino o, sencillamente, con un regalo sencillo para la anfitriona. Se siente bien, ¿verdad?

Normalmente consideramos que este tipo de gestos se hacen para quedar bien, por educación o por costumbre. Pero en realidad, en el fondo puede haber algo mucho más significativo. Así nos lo explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto, colaboradora habitual de este medio y directora del Centro de Psicología que lleva su nombre. Y es que para la experta este gesto cuenta una historia mucho más importante: una historia de reciprocidad.

La importancia de la reciprocidad

Pero, ¿qué significa esto de reciprocidad? Según nos explica Leticia Martín Enjuto, debemos entender la reciprocidad como “esa tendencia que tenemos a corresponder a los gestos que recibimos de los demás”. No significa que vayamos contando cuánto hemos dado y cuánto hemos recibido, ni que cada favor tenga que devolverse de manera exacta. Tiene más que ver con una sensación de equilibrio.

“Si alguien ha pensado en nosotros, ha hecho la compra, ha cocinado y ha preparado su casa para recibirnos, es bastante natural que nosotros también queramos aportar algo”, expone la psicóloga. Este es el mecanismo que hay en el fondo de este gesto.

Por eso, nos explica la experta, debemos entender que “cuando una persona lleva algo al acudir a una comida, no necesariamente está intentando causar una buena impresión”. Muchas veces simplemente está transmitiendo que reconoce el esfuerzo del otro.

Pequeños gestos

Llevar algo a esa cena a la que te han invitado es, al fin y al cabo, una manera muy sencilla de decir: ‘Sé que has preparado esto para nosotros y quiero contribuir también'. Y precisamente por eso no hace falta que sea algo caro ni especialmente elaborado. Lo importante no es tanto lo que llevamos como el significado que tiene el gesto.

Estos pequeños comportamientos demuestran el importante papel que juegan los pequeños gestos en nuestras relaciones. “Los vínculos no se construyen únicamente a través de grandes muestras de cariño. También se construyen con pequeñas acciones que nos hacen sentir tenidos en cuenta”, nos explica la experta.

Así, preguntar qué hace falta, llevar el postre, ayudar a recoger la mesa o aparecer con algo que sabemos que le gusta a la persona que nos recibe se convierten en formas muy sencillas de participar en la relación y no situarnos únicamente en el papel de quien recibe.

La incomodidad de recibir

“Y hay algo más”, continúa Leticia en esta breve entrevista que concede a Cuerpomente, “para algunas personas, aceptar constantemente sin aportar nada puede generar cierta incomodidad. No porque exista una obligación real de compensar cada invitación, sino porque psicológicamente nos resulta agradable sentir que existe cierta correspondencia”.

Cuando damos algo después de haber recibido, en cierta medida sentimos que la relación está algo más equilibrada y que nosotros también estamos cuidando al otro. “Es una sensación diferente a la de sentir que siempre estamos recibiendo de la misma persona”, afirma la experta.

El peso de la deuda

Aunque es importante matizar la diferencia entre sentir ese deseo de equilibrar la relación con una sensación de deuda o culpabilidad. Porque, como nos explica Leticia, “la reciprocidad no debería confundirse con una deuda”.

“Una relación sana no funciona como una cuenta en la que cada favor tiene que ser devuelto”, continúa la psicóloga. “Si alguien nos invita a comer, no significa que tengamos que hacer lo mismo la semana siguiente. Y tampoco deberíamos sentirnos culpables si en alguna ocasión acudimos con las manos vacías. La reciprocidad saludable no nace de la obligación, sino de las ganas de tener un detalle con la otra persona”.

He pensado en ti

En realidad, ese deseo de tener un detalle con la otra persona es, quizá, lo que más debería importarnos. Tras el gesto pueden aparecer muchas emociones, como hemos visto, pero en cualquier caso el resultado sigue siendo el mismo. Y es que muchas veces los gestos más pequeños son los que mejor expresan esa intención.

Una tableta de chocolate que alguien sabe que te gusta, un postre que ha visto de camino o una botella que piensa que vas a disfrutar pueden tener mucho más significado que algo costoso. Porque, en el fondo, lo que ese gesto comunica no es “te estoy devolviendo la invitación”, sino “he pensado en ti”. “Y sentirse tenido en cuenta es una de las cosas que más fortalecen nuestros vínculos”, concluye Martín Enjuto.

Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León