Miras al reloj y te das cuenta de que se te ha pasado la hora. Vas tarde. El café se derrama por la mañana, descubres que tu camiseta favorita está manchada o te cancelan un plan en el último minuto. ¿Te agobias en seguida o mantienes la calma? Todos tenemos un límite para perder los nervios, pero el de algunos es más corto que otros.
Pero ¿por qué sucede esto? ¿Qué diferencia que una persona sepa mantener la calma ante cualquier circunstancia y otra se agobie por lo más mínimo? La psicóloga Leticia Martín Enjuto nos lo explica.
El agobio
Lo primero que necesitamos es entender qué es el agobio desde la perspectiva de la psicología. “Cuando decimos que alguien se siente agobiado, nos referimos a esa sensación de estar sobrepasado, como si las demandas externas o internas fueran demasiado para poder manejarlas”, nos explica Leticia Martín Enjuto. “No se trata únicamente de cansancio, sino de un estado en el que la mente y el cuerpo reaccionan con una clara señal de saturación”.
Es como si nuestro sistema nos dijera: “es demasiado para mí en este momento”. La experta asegura que no debemos tomárnoslo como una falla personal, sino como un mecanismo de defensa que nos ayuda a parar, reflexionar y buscar apoyo. “Por eso, cuando una persona se agobia con facilidad, no significa que sea débil”, aclara la psicóloga, “tan solo quiere decir que su sistema de alerta se activa de manera más rápida”.
El sistema de alerta
Las personas que se agobian con facilidad, por tanto, tienen un sistema de alerta más sensible. Como si contasen con un sensor de alta tecnología que detecta los problemas. Y la sensibilidad de este sensor depende de multitud de factores.
“Cada persona es única en la forma en la que gestiona la presión”, nos explica Leticia. “Hay quienes, por temperamento o experiencia, soportan mejor los momentos de tensión, mientras que otros se sienten saturados casi de inmediato”.
La psicóloga destaca algunas causas, como factores de la personalidad (el perfeccionismo, la inseguridad), hasta experiencias previas de sobrecarga que han podido dejar huella. “Incluso hay una base biológica”, añade, “ya que algunas personas tienen un sistema nervioso más sensible que reacciona más intensamente ante los estímulos”.
En cualquier caso, como experta recomienda “no compararse con otros, sino entender qué influye en esa reacción y, a partir de ahí, aprender a desarrollar recursos que nos permitan manejar mejor la sensación de estar desbordados”.
Pasando a la acción
Aunque sepas que es natural y que no hay nada de malo en ello, agobiarte con facilidad acaba pasando factura. Como nos explica Leticia, el agobio se manifiesta de forma corporal. “Muchas personas sienten un nudo en el estómago, la respiración más rápida, tensión en los músculos o un latido acelerado del corazón”, afirma. Y lo peor es que puede desatarse en situaciones completamente cotidianas.
“No siempre las mismas cosas agobian a todas las personas”, asegura la psicóloga, “pero hay ciertos factores comunes: la sobrecarga laboral, la falta de control, los entornos caóticos o el exceso de responsabilidades suelen ser disparadores frecuentes”. Entonces… ¿qué podemos hacer para lidiar con el agobio? ¿Es posible reducir la sensibilidad de ese sofisticado sistema de alarma?
Leticia Martín Enjuto nos explica que “lo primero es reconocer la tendencia sin juzgarla”, para, una vez hecho esto, poner en marcha algunas herramientas que pueden resultarnos muy útiles. La experta recomienda algunas, como la organización del tiempo o las técnicas de respiración como la respiración consciente o el mindfulness.
“En consulta trabajamos con la reestructuración cognitiva”, nos explica, “que ayuda a cuestionar pensamientos como ‘no voy a poder con esto’ o ‘todo depende de mí’, que suelen alimentar la sensación de saturación”.
Otras habilidades que pueden ayudarnos a gestionar mejor el agobio son “aprender a priorizar, a delegar y pedir ayuda”, afirma la experta. “No se trata de eliminar el agobio por completo, sino de hacerlo manejable y menos invasivo”
Mejor prevenir que curar
Además de gestionar en el momento el agobio, podemos prevenirlo, nos explica la psicóloga. Para ello, debemos “cultivar hábitos saludables, descansar lo suficiente” y rodearnos de “un buen sistema de apoyo”. Estos, asegura la experta, “son factores protectores que pueden ayudar a fortalecer nuestra tolerancia a la presión”.
Otro factor que puede ayudar es “aprender a poner límites”. Y es que “saber decir que no y establecer prioridades evita que la agenda y las responsabilidades se conviertan en una carga imposible”, concluye Leticia.