La música es un lenguaje universal que todos comprendemos. El ritmo, la melodía y la armonía de cada canción nos transmite algo especial. La letra puede jugar también un papel importante, pero no es imprescindible. En la música, cada sonido cuenta una historia. Y a veces, puede convertirse en una obsesión.
Todos tenemos al menos una canción que hemos escuchado en bucle. Al final del año, nos sorprendemos al descubrir cuántas veces la hemos reproducido. Pero aun así, no nos cansamos. Le damos a reproducir una y otra vez.
La psicóloga Leticia Martín Enjuto, a quien Cuerpomente contacta para averiguar que se esconde tras este comportamiento, lanza un mensaje tranquilizador. “En la mayoría de los casos, repetir una canción es una conducta adaptativa y completamente normal”, asegura, “más que juzgarla, conviene prestarle atención y comprender qué lugar ocupa en nuestro estado emocional”.
Para la psicóloga una cosa queda clara, “a veces, el insistir en escuchar esa melodía especial no tiene que ver con la canción en sí, sino con todo lo que representa para nosotros en ese preciso momento”. Y eso es, precisamente, lo que nos ayuda a analizar la experta.
Regulación del estado de ánimo
“La música cumple una función esencial en la regulación de nuestro ánimo”, nos explica Leticia Martín Enjuto. “Volver repetidamente a una misma melodía puede servirnos como vía para encontrar estabilidad, calmar la ansiedad, activar estados de ánimo positivos o conectar con sentimientos que a veces son difíciles de expresar verbalmente”.
De esta forma, darle al botón de volver a reproducir puede convertirse en una vía hacia la regulación de las emociones. “En muchas ocasiones”, continua la experta, “esa canción actúa casi como un refugio emocional que ordena y acompaña lo que estamos sintiendo”.
Sensación de seguridad
Si ciertas canciones pueden convertirse en refugios, no es de extrañar que “en la repetición musical” encontremos cierta “sensación de seguridad y familiaridad”. Martín Enjuto afirma que cuando pasamos por momentos de gran estrés, grandes desafíos o cambios repentinos, es normal que “lo previsible resulte reconfortante”.
De repente, “escuchar esa canción que conocemos casi de memoria puede regalarnos un momento de confort y la ilusión de recuperar el control cuando la vida parece desbordarse”, explica la psicóloga.
La biografía emocional
Otro factor importante en todo lo relacionado con la música es la memoria. Porque como asegura Leticia Martín Enjuto, esta repetición musical muchas veces tiene que ver con la nostalgia. Una determinada canción nos traslada a una parte de nuestra “biografía emocional”, recordándonos “a una persona especial, una etapa significativa o una experiencia transformadora”.
“Sin darnos cuenta”, explica la psicóloga, “su repetición nos permite revivir esos momentos, tender un puente emocional con nuestro pasado y profundizar en el significado de aquellos recuerdos”.
Autodefinición
¿Recuerdas la relación que compartías con la música cuando eras adolescente? Escuchar a determinado grupo o estilo musical no era una simple cuestión de gusto, era algo identitario. Leticia rescata esta misma idea para explicarnos que, “en términos de identidad, la música conforma parte de nuestra autodefinición”.
Es decir, que “lo que escuchamos habla de nosotros, de nuestros valores y de cómo nos percibimos”. En esta línea, elegir una canción para escucharla una y otra vez puede ser también “una forma de reafirmar quiénes somos, sobre todo cuando atravesamos cambios o necesitamos un anclaje interno”.
Placer por la anticipación
Hay también cierto sentido químico en esto de obsesionarnos con una canción, continua la experta, que asegura que “en el plano cerebral, este fenómeno se explica en parte por el placer que proporciona la anticipación”.
Escuchar una misma melodía una y otra vez hace que nuestro cerebro libere dopamina, explica la psicóloga, que está “asociada con sensaciones de bienestar y recompensa”. Esto, continua, “genera una expectativa positiva hacia los sonidos familiares, haciendo que esa canción siga resultando placentero en cada nueva escucha”.
Patrones obsesivos
Hay circunstancias en las que una canción se convierte en una verdadera obsesión, y cuando eso sucede y la repetición se vuelve “excesiva o compulsiva”, nos explica la psicóloga, podemos estar ante casos de “patrones obsesivos”, muy vinculado a la “ansiedad y los pensamientos intrusivos”.
“En estas situaciones”, expone la experta, “la música deja de ser una herramienta de bienestar para convertirse en una compulsión”.
Canciones tristes para momentos tristes
¿Cuándo cortaste con tu ex te pusiste en bucle determinada canción? ¿Escuchaste mil veces la misma melodía cuando falleció alguien importante para ti? ¿Te obsesionaste con un tema cuando perdiste aquel trabajo? Entonces estabas transitando tu emoción por medio de la música.
“En ocasiones recurrimos a las canciones tristes o intensas para transitar emociones difíciles”, nos explica Leticia. “Volver sobre las mismas notas no significa necesariamente estancarse en la tristeza, sino ofrecerse el permiso para sentir, comprender y procesar el dolor de forma segura y acompañada por la música”.
El lado simbólico de la música
Para acabar, nos explica la psicóloga, puede que si escuchas una y otra vez esa misma canción sea porque tienes un lado creativo y musical muy desarrollado. “Volver una y otra vez a una misma canción permite descubrir nuevos matices, conectar con distintas partes de la letra, o simplemente dejarse llevar por el sonido”, nos explica la experta.
Este proceso, además de ser importante desde el punto de vista creativo, tiene también un “fuerte valor terapéutico y facilitador de la introspección”, concluye la psicóloga.
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