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La psicología confirma que las personas que no hablan en las conversaciones en grupo no es por falta de interés o timidez, sino porque tienen una forma más profunda de procesar la información

¿Conoces a alguien que prefiere no hablar en grupo, sino en privado? No se trata de falta de interés o de pura timidez. En realidad, explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto, podría deberse a la forma en la que procesa la información.

Seguro que conoces a alguien que encaja en esta descripción (y si no, es porque tú eres esa persona): cuando estáis a solas, habla sin parar, te cuenta cosas muy interesantes y parece implicarse mucho en la conversación. Pero cuando estáis en grupo, se calla y no participa, como si no le interesase demasiado aquello de lo que estáis hablando.

Es fácil caer en la trampa de pensar que esto se debe puramente al desinterés, pero no es así. En realidad, la explicación más habitual es algo más compleja. Nos lo explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto, directora del Centro de Psicología que lleva su nombre y colaboradora habitual de Cuerpomente. Porque, en realidad, esta forma de relacionarse está mucho más relacionada con su forma de procesar la información que con su interés en la conversación.

Conversaciones en grupo

Aunque pueda parecernos que no, una conversación en grupo es muy diferente a una charla con una sola persona, o con un par. Las primeras son mucho más exigentes a nivel atencional de lo que imaginamos.

En grupo, la atención se divide y se difumina. Por lo general, prestamos más atención a quienes hablan mucho, cuentan historias o participan continuamente. En cambio, quien permanece callado puede pasar desapercibido o incluso dar la impresión de que no está interesado. “Pero no siempre es así”, nos explica Leticia. “Hay personas que simplemente necesitan escuchar primero, observar lo que ocurre y pensar bien lo que quieren decir antes de intervenir”.

Y es que cada persona tiene una manera diferente de procesar lo que sucede a su alrededor. Mientras algunas personas van pensando en voz alta y responden casi de manera automática, otras necesitan unos segundos más para ordenar sus ideas. “En una conversación con varias personas, pueden estar siguiendo perfectamente el tema, aunque no participen demasiado. Están escuchando, pensando y valorando lo que se está diciendo, aunque desde fuera parezca que están desconectadas”, afirma la experta.

Cambios rápidos, procesamiento lento

Hay algo que sucede, además, cuando hablamos en grupo que hace que sea aún más complicado participar: la atención no solo se divide entre más personas, también se divide entre más temas. Porque es muy habitual que, cuando hablamos en grupo, las conversaciones cambien rápidamente.

Esto puede hacer que una persona con un nivel bajo de estimulación sensorial se sienta más animada, participe más, se muestre más interesada que en una conversación con una sola persona. Y en cambio, alguien que procesa todo con mayor profundidad se puede sentir algo abrumado.

“Una persona puede estar pensando en hacer un comentario y, antes de encontrar el momento para decirlo, alguien cambia de tema o comienza a hablar. Para alguien más reservado, esto puede ser suficiente para decidir no intervenir. No significa que no tuviera nada que aportar, sino que no siente la necesidad de competir por un espacio dentro de la conversación”, nos explica Leticia.

Cuestión de personalidad

Así que además del nivel de procesamiento y estimulación sensorial, hay otro factor que sin duda entra en juego: la personalidad. No es lo mismo ser alguien naturalmente sociable y extrovertido, que alguien más introvertido o tímido.

Hay otros rasgos de la personalidad que también marcan la diferencia, nos explica Leticia, porque existen personas que “disfrutan especialmente escuchando y que se sienten más cómodas cuando pueden mantener conversaciones tranquilas y profundas”. Es posible que estas personas no tengan la misma necesidad de participar constantemente en grupos grandes, sencillamente. “Prefieren escuchar a los demás, observar cómo se relacionan y hablar cuando realmente tienen algo que les apetece compartir”, añade la psicóloga.

¿Cómo se siente en el grupo?

Repasando factores importantes, no podemos olvidarnos de algo clave: no todos los grupos funcionan igual, y no en todos nos sentimos igual de cómodos. Es por eso, nos dice Leticia, que “también debemos tener en cuenta cómo se siente una persona dentro de ese grupo”.

“Cuando estamos rodeados de gente que conocemos poco, es normal que al principio seamos más prudentes. Necesitamos saber cómo son los demás, qué tipo de confianza existe y si podemos expresarnos sin sentirnos juzgados. Con el tiempo, cuando aparece esa sensación de seguridad, muchas personas que al principio hablaban poco comienzan a mostrarse mucho más”, asegura.

No es lo que parece

En cualquier caso, una cosa está clara: no debemos sacar conclusiones rápidas ante el silencio de una persona. Porque puede que lo interpretemos como aburrimiento, desinterés o falta de educación, cuando no es nada de eso. “Una persona puede estar escuchando con mucha atención sin intervenir apenas. Incluso puede estar fijándose en detalles que otras personas no han percibido. Escuchar también es una forma de participar, aunque no tenga la misma visibilidad que hablar”, explica la experta.

“Eso sí, tampoco podemos pensar que detrás de todo silencio existe necesariamente una gran reflexión”, añade. A veces simplemente estamos cansados, no conocemos el tema o no nos apetece hablar. “Lo importante es no sacar conclusiones sobre una persona únicamente por la cantidad de veces que interviene. Para entender lo que está ocurriendo debemos tener en cuenta su personalidad, el contexto y, sobre todo, cómo se comporta habitualmente”, concluye Leticia.

Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León