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La psicología confirma que las personas que agradecen con la mano al coche que se detiene para dejarlas pasar no lo hacen solo amabilidad o educación, sino porque están atentas a las acciones de los demás y valoran la reciprocidad

¿Eres de esas personas que siempre da las gracias cuando alguien te deja pasar con el coche? Si no perteneces a este grupo tan especial de personas, quizá empieces a hacerlo, porque la psicóloga Leticia Martín Enjuto nos explica qué diferencia a quienes hacen este gesto y por qué dar las gracias puede hacernos más felices.

El gesto es, en realidad, bastante común de ver por las calles. Dos coches se encuentran, uno cede el paso al otro y, en respuesta, el conductor levanta la mano para dar las gracias. Parece una nimiedad, pero cuando recibes uno de esos agradecimientos silenciosos, es inevitable sentir cierta satisfacción interna. A todos nos gusta que nos den las gracias, hasta por los gestos más sencillos.

Pero ¿qué se esconde tras la persona que levanta la mano en señal de agradecimiento? ¿Este gesto también le beneficia de alguna manera? ¿Y qué nos impulsa a darle las gracias a los extraños incluso en situaciones tan ajenas como estas? La psicóloga Leticia Martín Enjuto, colaboradora habitual de Cuerpomente, nos da las claves para comprender el fenómeno.

Pequeños gestos, grandes revelaciones

“Considero que los pequeños gestos cotidianos pueden revelar aspectos interesantes de nuestra forma de relacionarnos con los demás”, nos aclara Leticia Martín Enjuto, psicóloga y directora de un Centro de Psicología que lleva su nombre, en cuanto le preguntamos por esta situación tan cotidiana. Porque podría parecernos un gesto nimio, pero no lo es en absoluto.

“Aunque parezca una acción simple, este gesto refleja procesos sociales y emocionales que han sido ampliamente estudiados”, nos explica Leticia. “Agradecer de esta manera demuestra la capacidad de reconocer la conducta de otra persona”.

Quien realiza este gesto no da por sentado el acto de cortesía recibido, sino que identifica que alguien ha dedicado unos segundos de su tiempo para facilitarle el paso. Y esto es importante, nos explica Leticia, porque “este reconocimiento constituye una de las bases de las relaciones sociales saludables”.

Conectados con el momento

Sin duda, el gesto es mucho más relevante de lo que cabe imaginar de buenas a primeras. Pero una duda sigue flotando en el aire. ¿Qué diferencia a estas personas de aquellas que no dan las gracias? El primer rasgo diferenciador, nos dice Leticia, es la capacidad de observar el entorno.

“Este comportamiento suele estar relacionado con un alto nivel de atención al entorno. Para agradecer, la persona debe ser consciente de lo que ocurre a su alrededor, percibir la intención del conductor y responder de forma adecuada. Esto implica un grado de observación y procesamiento de la situación que muchas veces pasa desapercibido”, expone.

En general, las personas atentas suelen captar mejor las señales sociales presentes en la vida cotidiana. Son capaces de identificar actos de amabilidad, normas implícitas de convivencia y pequeños detalles que facilitan la interacción humana. “El gesto de agradecer al cruzar la calle puede ser una manifestación de esa sensibilidad hacia el contexto social”, asegura la psicóloga.

Respeto hacia los demás

“Otro aspecto relevante es el respeto hacia los demás”, añade nuestra experta. Dar las gracias a los demás es, al fin y al cabo, una manera explícita de comunicar al otro que su decisión (dejarnos pasar con el coche) tiene un valor para nosotros.

Es por esto, nos dice Leticia, que “quienes agradecen suelen mostrar una mayor disposición a reconocer el esfuerzo, la colaboración o la cortesía ajena. Este tipo de actitud favorece relaciones más equilibradas y contribuye a crear ambientes donde la cooperación resulta más frecuente que la indiferencia”.

Vínculos más fuertes

Es interesante, porque, sumados al respeto y a la atención a los demás, aparece un tercer rasgo que la psicóloga ya nos venía adelantando. Quienes tienen mayor facilidad para dar las gracias, a menudo construyen relaciones más fuertes en su vida.

Esto sucede, nos explica la experta, porque “las conductas de agradecimiento fortalecen los vínculos entre las personas, incluso cuando se trata de interacciones breves entre desconocidos”. Ese simple movimiento de la mano puede transmitir respeto, consideración y una actitud positiva hacia la convivencia, generando una experiencia más agradable para ambas partes.

“Agradecer también refleja habilidades relacionadas con la empatía”, añade Leticia. La persona comprende que detrás del volante hay alguien que ha tomado una decisión considerada y responde reconociendo esa acción. Y aunque el contacto sea breve, existe una forma de conexión interpersonal basada en el respeto mutuo.

Dar las gracias te hace feliz

Para acabar, nos dice Leticia, es posible que esas personas que dan las gracias sin pensarlo demasiado cuando alguien les deja pasar sean, a la larga, más felices que quienes no lo hacen. Y la razón es sencilla: “La gratitud, incluso en expresiones tan sencillas como una señal con la mano, tiene efectos positivos sobre el bienestar psicológico”, explica la experta.

“Este tipo de comportamientos también contribuye a reforzar normas de convivencia. Cuando los actos amables son reconocidos, aumenta la probabilidad de que vuelvan a repetirse”, concluye Martín Enjuto.

Así, algo tan sencillo como dar las gracias a alguien por dejarnos pasar no solo hace un poco más feliz a la otra persona, sino que refuerza nuestro propio bienestar. ¡Y cuesta tan poco como levantar la mano en el momento indicado!

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Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León