Psicóloga Online Valencia

La psicología confirma que las personas que sujetan la puerta para quien viene detrás no lo hacen solo por amabilidad, sino porque están muy atentas a cómo sus pequeños gestos afectan a los demás

¿Eres de esas personas que suelen sujetar la puerta para la persona que viene detrás? ¿Conoces a alguien que siempre lo hace? La psicóloga Leticia Martín Enjuto analiza para Cuerpomente lo que significa este gesto

El gesto es tan cotidiano que muchas veces nos pasa desapercibido. Una persona le sujeta amablemente la puerta a la persona que viene detrás. A veces somos nosotros quienes la sujetamos. Otras es alguien quien tiene el detalle con nosotros. Y apenas lo notamos. En cambio, cuando alguien suelta la puerta y nos da en las narices, sí que somos conscientes del gesto. Y ahí se esconde algo importante.  

Y es que este tipo de gestos cotidianos, que hacemos de forma casi automática, no son solo cuestión de educación o amabilidad. Porque conocer una regla no significa que la cumplas. Lo que de verdad se esconde tras este gesto, nos explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto, es una gran atención a los pequeños gestos que afectan en la vida de los demás.

Empatía cotidiana

“Hay gestos que hacemos casi automáticamente y a los que no solemos dar demasiada importancia”, nos explica Leticia Martín Enjuto. Uno de ellos es sujetar la puerta cuando vemos que alguien viene detrás. “Parece simplemente una cuestión de educación, pero si nos paramos a observarlo, hay algo interesante detrás: en ese momento estamos pendientes de otra persona y de cómo una pequeña acción nuestra puede facilitarle las cosas”, continúa la experta.

Hay algo, además, que debemos tener en cuenta. Y es que en este gesto no conocemos a quien tenemos detrás, probablemente no volveremos a encontrarnos con él y, aun así, decidimos esperar unos segundos.

“Ahí aparece una forma muy sencilla de empatía”, asegura la psicóloga. Porque empatizar no significa únicamente comprender las emociones de los demás o saber ponernos en su lugar cuando están atravesando un problema. También tiene que ver con ser capaces de detectar pequeñas necesidades en situaciones cotidianas.

Sin esperar nada a cambio

Hay algo, además, muy bonito en este tipo de gestos. Y es que, a diferencia de otras muchas cosas en la vida, normalmente no esperamos nada a cambio de sostener la puerta. “No estamos ayudando a un amigo ni haciendo algo que vaya a tener una repercusión importante en nuestra vida. Simplemente hacemos un pequeño esfuerzo y continuamos nuestro camino”, expone la psicóloga.

Es por eso que muchas de estas conductas tienen que ver con los valores que hemos aprendido y con la manera en la que entendemos la convivencia. “Para algunas personas, facilitarle un poco el camino a alguien forma parte de su manera natural de relacionarse”, continúa Leticia.

Atención al entorno

Además de la empatía y la buena educación, para poder sujetarle la puerta a otra persona necesitamos algo esencial: darnos cuenta de que viene detrás. “Todos podemos caminar por la calle completamente absortos en nuestros pensamientos, pendientes del teléfono o pensando en lo que tenemos que hacer después. Sin embargo, hay momentos en los que levantamos la mirada y nos damos cuenta de lo que está pasando a nuestro alrededor”, explica Leticia.

Esa capacidad de observar al otro y adaptar ligeramente nuestro comportamiento es importante en nuestras relaciones, porque nos permite responder a necesidades que ni siquiera llegan a expresarse con palabras.

Cuestión de anticipación

Aunque simplemente darnos cuenta de que la otra persona está ahí no basta. Necesitamos otro ingrediente más. Un poco de anticipación. Porque “no esperamos a que la otra persona nos diga ‘espérame’. Vemos que está llegando y actuamos antes de que tenga que pedirlo”, expone la experta.

Lo mismo ocurre con otros pequeños comportamientos: avisar a alguien de que se le ha caído algo, dejar pasar a una persona que lleva prisa o apartarnos para facilitarle el paso. Son acciones muy pequeñas, pero todas tienen algo en común: primero prestamos atención y después hacemos algo teniendo en cuenta al otro.

Otras explicaciones

En todo este asunto es fácil caer en la trampa de hacer unas matemáticas algo extrañas. Si quien sujeta la puerta es amable y empático, quien no lo hace no lo es. Y Leticia Martín Enjuto nos advierte al respecto. “No debemos caer en el error de convertir un gesto aislado en una radiografía de la personalidad. Que una persona no sujete una puerta no significa que sea egoísta o que tenga menos empatía”, señala la experta.

Las explicaciones pueden ser múltiples. Puede no haber visto a quien venía detrás, llevar prisa o estar simplemente distraída. Y, al contrario, sujetar una puerta tampoco demuestra por sí solo que alguien sea una persona extraordinariamente empática. “Como psicóloga entiendo que debemos mirar los patrones de comportamiento y el contexto, no etiquetar a alguien a partir de una conducta concreta”, concluye la especialista.

Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León